Por qué LO QUE LLEVA EL RÍO
(Comentarios del director)
Esta película se está
gestando en mi mente desde hace más de diez años. En 2001 me acerqué a las
comunidades warao del Delta del Orinoco con el objetivo de transferir las
herramientas de creación audiovisual a
los jóvenes de la etnia. Convivir con los warao, la segunda etnia en número de
Venezuela, me ha dado la oportunidad de observar el proceso de
interculturalidad que han vivido, cuyo punto de giro inicial, de más impacto,
fue la llegada de los religiosos capuchinos en la primera mitad del siglo XX. Desde ese momento hasta hoy se han ido
adaptando a los cambios que necesariamente les impone convivir con las
telecomunicaciones, el transporte de motor, la industria, la religión de los
otros y la política.
Para ellos, conservar
sus costumbres más íntimas e importantes, su cosmogonía, su lengua y con ella
su literatura, que es la base de cualquier identidad, ha sido una batalla
dramáticamente silenciosa. Para mí, ha resultado la posibilidad de reflexionar
sobre conservación y potenciación de las culturas, lo cual plantea un dilema desde estos dos
conceptos.
¿Conservar o potenciar una cultura?
Una cultura es un sistema sociocultural vivo y
siendo así, evoluciona perfeccionándose, adaptándose y creciendo en la
acumulación de experiencias y saberes. Se conforma como un sistema de creencias
y acciones que definen a un grupo con un mismo idioma y memoria; se transmiten
de generación en generación, trascendiendo a las personas que las detentan.
Pero como esta herencia no es biológica, sino intelectual, su proceso de adaptación
a nuevas condiciones es volitivo y muchas veces hasta violento, pero siempre
imprescindible y necesario para la evolución y el desarrollo.
Desde que una persona viene al mundo, comienza
su proceso de culturización, el cual sucede mediante la recepción de símbolos
de diferente origen, sean éstos tecnológicos, científicos, políticos, morales o
estéticos, que han ido cambiando también de generación en generación. La
sociedad que la ha detentado a través de los años y siglos, la ha ido adaptando
a las diferentes condiciones económicas, sociales, políticas, religiosas y
hasta climáticas. Pero también en el intercambio inevitable y necesario con
otras culturas. Todas las culturas se
han ido conformado a partir de grandes migraciones, invasiones, mezclas de todo
tipo. No existen hoy culturas ni razas
puras y pretender esto, ya sabemos a dónde nos conduce: segregación, discriminación, xenofobia, guerras,
etnocidio.
Generalmente se relaciona cultura con estética
y se cree que preservar danzas, músicas y manifestaciones plásticas
ancestrales, es conservar la cultura. Pero
es muy distinto conservar el patrimonio artístico el idioma, la literatura,
manteniendo la identidad y el sentido de pertenencia, con el fin de saber de
dónde venimos y reconocer la historia, para saber cuánto hemos evolucionado,
que conservar las condiciones sociales y económicas, los criterios de
organización, las políticas y los valores de un grupo étnico o social
determinado. Potenciar o fortalecer una cultura implica la preservación de la
memoria cultural e histórica, a la vez que adaptar los valores y costumbres, la
forma de pensar y actuar, utilizando aquello que hace más fuerte a la cultura
de la comunidad, etnia o nación, desechando todo aquello que la anquilosa y por
lo tanto la debilita. Los cambios necesarios para evolucionar, exigen cambios
en la cultura.
Conservar es matar. Si pretendemos “conservar”
o “preservar” un organismo –y ya establecimos que la cultura lo es- tendremos
que matarlo, tal como se coloca una mariposa en un marco o se congela un
alimento. Son organismos que ya no evolucionarán más, hemos detenido su proceso
de desarrollo biológico. Muchos abogan, a veces sin mala intención,
sino con criterios románticos e ignorancia, por la “conservación” o
“preservación” de nuestras culturas autóctonas, pretendiendo que comunidades
con una ascendencia cultural ancestral, mantengan sus símbolos estáticos. Con esto, los condenamos al anquilosamiento y
detenemos su evolución en aspectos tecnológicos,
científicos, políticos, sociales y éticos. Una vitrina a donde el resto del
mundo pueda asomarse. ¿Deben quedar como piezas “vivas”
de un museo? Por ese camino, nuestros indígenas deberían permanecer en
taparrabos, no usar motores, no escuchar la radio ni leer la prensa y lo que es
peor, sus valores morales y de organización permanecer enquistados, aún cuando
muchos de ellos ya no se observen como justos en el mundo de hoy.
Potenciar una cultura, es eliminar cualquier
aspecto que le impida crecer, sobrevivir, y conquistar los adelantos
tecnológicos, científicos y nuevos valores, que generen nuevos rasgos
culturales. Promover lo contrario, es la decadencia y la muerte. Es etnocidio.
De esto trata LO QUE LLEVA EL RÍO. Una película en la que hablo de la utilidad
del conocimiento de la cultura heredada y la necesidad de que sus depositarios
evolucionen y la hagan crecer al ritmo de los tiempos, sin olvidar ni
despreciar aquello que los hizo como son, lo que los une en la diferencia al
resto del mundo. Propongo también, que lo verdaderamente moderno serán las
democracias interculturales; ya no son viables los conceptos de democracias y
gobiernos de mayoría que al fin siempre serán excluyentes. Conseguir democracias interculturales, es el
sueño de quienes abogamos como dijo Martí, por un tronco cultural global en el
que se inserten las ramas de todas las culturas, en el respeto a sus formas y
tradiciones más íntimas. Unidos en las diferencias. Y es que
la interculturalidad es opuesta por antonomacia a cualquier actitud de intolerancia y fundamentalismos; pero también se opone al la falacia de la modernidad signado por el llamado "progreso" a ultranza y la ley del más fuerte que impone su criterio a nombre de una mayoría.
la interculturalidad es opuesta por antonomacia a cualquier actitud de intolerancia y fundamentalismos; pero también se opone al la falacia de la modernidad signado por el llamado "progreso" a ultranza y la ley del más fuerte que impone su criterio a nombre de una mayoría.
En LO QUE LLEVA EL RÍO, se enfrentan dos arquetipos
sociales en una pareja de amantes. Al proponer una visión diferente, menos
romántica de nuestros indígenas, muestro a una Dauna evoluciona socialmente con
los tiempos y vive intensamente los valores históricos, mitológicos y
artísticos de su cultura, desde su estudio y adaptación a nuevas condiciones
sociales y económicas; Tarcisio, su esposo, aferrado a conceptos de
organización social atrasados y discriminatorios de la mujer, pretende
obligarla a permanecer anclada a ellos entorpeciendo su desarrollo. Él se
enquista en modelos viejos, por lo que tiene que desaparecer. Propongo la
pervivencia de un arquetipo que evoluciona y la desaparición –consecuentemente-
del arquetipo que debe desaparecer.
Entonces, ¿por qué enmarcar la
historia en el Delta del Orinoco, siendo ésta una historia
tan universal? Para una mujer indígena, pobre y viviendo aislada en un
sitio como el delta de un río, sea el Mekong, el Yan Tse, el Misissipi o el
Orinoco, es mucho más difícil demostrar su valía, sobreponerse a atavismos
históricos y culturales poniendo en juego toda su capacidad de resiliencia para
no ser aniquilada.
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