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jueves, 20 de agosto de 2015

¿ES LO QUE LLEVA EL RIO UNA PELÍCULA INDIGENISTA?


¿Es Lo que lleva el río una película indígenista?

La llevada y traída frase de León Tolstoy  “… si quieres ser universal, habla de tu aldea” se olvida en ocasiones cuando se trata de  clasificar. Entonces, si una obra se ubica en un contexto indígena, así hable de prejuicios y arquetipos humanos  por vencer, existe la tentación de clasificarla como  indigenista.  En el caso de LO QUE LLEVA EL RÍOM  desearía que se le abrieran las puertas a otros foros y espacios en los que también tiene mucho qué decir. 

Lo que lleva el río no es ni indigenista, ni antropológica, ni étnica ni venezolana, ni deltana y es todo eso a la vez y más, porque expone un drama humano muy universal que puede contextualizarse en una ciudad, un pueblito del Oriente, en  Tokio o París.  Pude haberla contado en un barrio de Caracas.   En todas partes existen los problemas de género, en todas partes hay atavismos y preconceptos castradores, precisamente sobre eso deseo alertar ahora:  la falibilidad de la propensión a categorizar.

Siempre he dicho que cuando quise contar la historia de una mujer con gran capacidad de resiliencia, escogí a una mujer deltana porque es difícil encontrar otro lugar en Venezuela y pocos en el mundo, en el que la vida se haga tan difícil y los espacios tan estrechos en todo sentido, sobre todo para las mujeres.  También me impulsó  el hecho de que esta mujer  pertenecería a una cultura muy antigua, de un grupo humano muy aislado, lo cual hacía más cuesta arriba el cumplimiento de su sueño.

Lo que lleva el río habla de dos conflictos humanos, dos necesidades cada vez más perentorias: la necesidad de la mujer de ser vista como un igual ( la discriminación por género) y la necesidad de entender la inevitabilidad y utilidad de la interculturalidad. No hay mas.  No es un tema indígena porque sus personajes sean indígenas.  No lo es,  porque éstos están inmersos es un conflicto muy de estos tiempos en todo el mundo cuando nos  empeñamos en marcar fronteras, “esto es mío” “tú llegas hasta aquí y no pasas”  Es una  drama desarrollado a partir de arquetipos que pueden hallarse en cualquier sociedad y cultura.  Duana,  fuera indígena o no, se enfrenta a los atavismos de una sociedad que asigna roles muy específicos a la mujer y al hombre  -¿qué sociedad  no? -  una mujer que  quiere aprender  y enseñar para participar en el intercambio de saberes, hacer ver su cultura entre las demás y que todo aquello que sirva para el desarrollo de su gente, se incorpore; una mujer que necesita hacer valer su derecho a la libertad individual.  Pero ya sabemos que esto puede ser un pecado no sólo entre indígenas, también entre gentes de diferentes religiones,  o partidos políticos o corrientes filosóficas y hasta científicas. Los seres humanos tendemos siempre a marcar espacios de participación y fronteras; a separar  y clasificar.  Lo que lleva el río pretende decirle a la gente ¡cuidado con ese afán de mantener las culturas y las etnias puras!  Con ese afán de “conservar la cultura” pues por ese camino se puede llegar a posiciones y acciones muy peligrosas y ahí tenemos  a Rossemberg, ideólogo de ese nefasto nacionalsocialismo que después desarrolló Hitler.    Podemos olvidar también que desde que comenzaron las grandes migraciones    la especie humana no ha hecho más que intercambiar genética y cultura.  Eso es lo que ha hecho evolucionar a nuestra especie y crecer.  Mantenerse aislado y “conservarse puro”  es letal para la sobrevivencia de la cultura de cualquier grupo.  El otro arquetipo desarrollado en la película es Tarsicio, un niño abandonado por el padre que se ha ido a la ciudad “detrás de los criollos.”  Ahí comienza su conflicto que crece, cuando la mujer que ama, se empeña en acercarse a la cultura de los otros, en unir lazos, en intercambiar saberes.  El síndrome del abandono que sufre Tarsicio lo lleva a aferrarse a los criterios más atávicos de su cultura. Teme a todo lo que llega del otro lado del río y ese temor y el afán de aislarse y pretender aislar a su mujer,  lo conducen a lesionar su relación de amor.  ¿Cuántas veces hemos visto este conflicto en la literatura, el cine, el teatro?  Qué significa el drama de la separación de  Romeo y Julieta sino otro que el de las víctimas de la separación de dos familias enmigas por asuntos que a ellos no les competen?   Qué es la Nora de Ibsen sino una mujer como Dauna, que se revela ante el intento de su marido de  castrar su libertar individual? 

No quiero retar a nadie con estos criterios,  sólo estaría satisfecho si  el espectador la interpretara  en un contexto amplio e hiciera el ejercicio de expandirla  y sacarla del escenario deltano e indígena.





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