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miércoles, 1 de abril de 2015

NUEVAMENTE EN IDEAS DE BABEL

Ahora es el colega director, editor, profesor de cine y crítico LUIS BOND quien dedica un espacio en IDEAS DE BABEL  para hablar de Dauna. Lo que lleva el río.
Me siento muy honrado y satisfecho por las obsequiosas observaciones que ha hecho esta revista digital sobre nuestro filme.  Aquí está. Gracias nuevamente.

Dauna, lo que lleva el río LA UNIVERSALIDAD DE UNA HISTORIA LOCAL, por Luis Bond

Dauma, lo que lleva el ríoVenezuela es un país complicado de retratar en la gran pantalla. El llanero, el gocho, el maracucho, el pescador y el citadino tienen a su vez subdivisiones que se pierden en interminables ramajes. Caer en lugares comunes o escarbar en una primera capa es algo muy sencillo cuando queremos explicar qué es ser venezolano. Ni hablar de esas fotografías de postal que enseñan a Venezuela en todo su esplendor, pero que terminan transformándose en una muletilla visual cuando se graban ciertos paisajes del país. Sin lugar a dudas, uno de los temas más susceptibles de caer en el cliché visual es el indígena, sobre todo por el gran trabajo documental que se ha hecho al respecto, abrumando cualquier intento de hacer ficción del mismo. Una labor que encaró con valor Mario Crespo y que comienza a cosecharle frutos. Después de su merecido estreno en Berlinale llega a nuestra cartelera Dauna, lo que lleva el río, la primera película venezolana hablada casi por completo en warao y cuya localidad sirve de reflejo para contar una historia harto universal: la lucha de una mujer contra la sociedad y sus ganas de trascender en el tiempo.
Dauna, lo que lleva el río narra la vida de Dauna (Yordana Medrano), una joven warao que desde muy pequeña se interesó por aprender castellano y ver más allá de las fronteras que le imponen las tradiciones de su etnia. Algo que le traerá choques con su familia, su etnia y su amor platónico Tarsicio (Eddie Gómez). A través de un guión diacrónico, conocemos la infancia, adolescencia, adultez y vejez de Dauna, sus triunfos, contratiempos y a todo lo que tuvo que enfrentarse para salir de su comunidad y cumplir sus sueños. Contrario a lo que podría pensarse, el fin último de Dauna no es viajar a la ciudad y olvidarse de sus raíces: sus ansias por aprender son precisamente para darle a conocer al mundo la cultura warao, investigarla y dejar registros de sus ancestros. Una labor que parece encomiable, pero que será mal interpretada por su comunidad, haciendo que Dauna sea rechazada por todos. Por suerte, la joven warao contará con el apoyo de un pastor (Diego Armando Salazar) y su padre para lograr sus metas y hacerle frente a todas las contrariedades que le suceden.
Desde su primer plano hasta el último, Dauna, lo que lleva el río transpira sinceridad. Más allá de su historia, la película tiene una puesta en escena sencilla, austera e intimista. La cámara de Mario Crespo se pasea casi de forma documental a través de la vida y tradiciones de los warao, pero sin sucumbir a la belleza del paisaje o la curiosidad antropológica. Por supuesto, en su metraje conseguimos retratados varios aspectos de esta etnia indígena (como su mitología, ritos, comidas y tradiciones), pero todo esto sirve como el telón de fondo en el cual Dauna se mueve, separándose por completo de cualquier tentación de perder el hilo narrativo de la ficción. Un esfuerzo encomiable al ser muy fácil el sumergirse en una cultura tan interesante y con paisajes que hipnotizan. A esto se suma un casting de primera y actuaciones convincentes que logran expresarse más a través del silencio y de los gestos que por el diálogo. El éxito de Dauna, lo que lleva el río, radica en no quedarse en la anécdota local y utilizar una historia pequeña para reflejar algo muchísimo más grande de lo que parece. La lucha de Dauna es la misma que la de muchas mujeres que intentan superar los límites que la sociedad les impone. Una batalla que, a su vez, fácilmente podría ser el espejo de cualquier persona en cualquier contexto, identificándonos con la joven warao desde que conocemos su historia. Gracias a esto, la película logra esa difícil tarea -y que tanto tenemos que trabajar en nuestra filmografía- de poseer sabor venezolano, ser autóctona y local, pero sin por eso perder su universalidad. Una de las grandes películas de este año y de las que se han atrevido a sumergirse en la cultura indígena para ver más allá de lo evidente. Esperemos que el recorrido por festivales de de Dauna, lo que lleva el río siga su curso para que nos siga representando en el extranjero como debe ser.
Lo mejor: El guión diacrónico que engancha desde el principio. La dirección de fotografía. El casting de toda la película. Las actuaciones de los principales. Su puesta en escena casi documental. La utilización del recurso de la animación para explicar los mitos indígenas.
Lo malo: Llega con muy pocas copias a nuestra sala. Su trailer no engancha y la pinta como si fuese una película por encargo para promover la cultura indígena. Por su tempo, puede llegar a ser lenta para algunos.

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