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miércoles, 1 de abril de 2015

Alfonso Molina escribe sobre DAUNA

Alfonso Molina es uno de  los críticos de cine más importantes de Venezuela. Ahora en su periódico digital #IDEAS DE BABEL dedica un espacio a hablar de nuestra película muy positivamente.
#CINEVENEZOLANO  #DAUNA

Dauna lo que lleva el río
Yordana Medrano interpreta a la Dauna adulta en el film de Mario Crespo.
A primera vista parece un documental antropológico pero no lo es. Se trata, esencialmente, de un drama de fuerte carácter femenino ambientado en la comunidad warao del Delta del Orinoco, desde mediados de los cincuenta hasta nuestros días, aunque en rigor esta historia podría suceder en cualquier sociedad o cultura de los cinco continentes. El poder de la tradición —labrado desde la perspectiva masculina— sobre las necesidades físicas y emocionales de la mujer es universal, como universal es también la lucha de la mujer para cambiar sus condiciones de limitación. Allí reside el concepto principal de Dauna, lo que lleva el río, primer largometraje de ficción de Mario Crespo, cineasta cubano asentado en Venezuela desde hace décadas, con una larga trayectoria en el documentalismo y el cine para televisión tanto en Cuba como en Venezuela. Su film narra la vida de Dauna, desde niña hasta adulta, como corriente que fluye desde la inocencia hasta la rebelión. Como un río. Se trata de la lucha eterna entre tradición y modernidad, dos conceptos distintos pero necesarios. La historia de una mujer que requiere avanzar y ampliar sus horizontes permite comprender las limitaciones conceptuales ybprácticas de una sociedad, ya sea warao, criolla o universal.
Narrada de forma multitemporal, la película de Crespo expone el ansia de superación y la triple condición de sometida de su personaje: la tradición familiar indígena, la hegemonía masculina y la ausencia de institucionalidad educativa en la región. Sus sueños de desarrollo intelectual la conducen a aprender el español porque la lengua original es la patria emocional —como decían los polacos, tantas veces invadidos, siempre resistiendo— pero también puede ser una prisión del alma. Gracias a un sacerdote que habla warao —el padre Julio— la Dauna niña comprende sus posibilidades de abrirse camino en el plano intelectual y creativo, fuera del Delta del Orinoco. Su familia la apoya, también Tarcicio, su novio, pero en un momento dado se quiebra la armonía. Tradición o modernidad. Ese dilema inicial se convierte en postulado de liberación con el tiempo. Y Dauma es fiel a sí misma, a su cultura y a sus posibilidades de crecer. Este proceso personal está muy bien contado en la medida que Crespo ha rechazado el folclorismo y la visión maniquea para construir la densa red emocional de su Dauna y los personajes que la rodean.
De cierta manera la película propone un parábola entre el destino de Dauna y su comunidad warao. Ambos deben conservar sus raíces pero también deben plantearse los retos de la globalidad. Borrar las fronteras artificiales, establecer vínculos culturales, ampliar sus miradas, cuando la tecnología ha transformado de manera radical las relaciones entre los seres humanos y ha ofrecido mayor acceso al conocimiento. Pero ese choque no sólo lo registra la tradición warao. También lo sufre la Iglesia, cuyas autoridades limitan la vocación transformadora del padre Julio y lo obliga a abandonar su oficio… mas no su fe. Curiosamente, quien más apoya a Dauna es su padre, quien no habla español pero entiende las necesidades de su hija.
En Venezuela hay una larga tradición de documentales sobre el tema de las etnias originales. Pocas obras de ficción. Antes vimos Tokyo Paraguaipoa, de Leonardo Henríquez, Cenizas eternas, de Margarita Cadenas, y Wayú, la niña de Maracaibo, de Miguel Curiel. Las tres están narradas desde una perspectiva foránea. Un japonés, una caraqueña o un vasco actúan en la Goajira o el Orinoco. Ahora cambia la visión. Dauna, lo que lleva el río es la segunda película venezolana de ficción hablada en idioma indígena. La primera fue El regreso, de Patricia Ortega, en lengua wayu con subtítulos en castellano. Ambas comparten el punto de vista interno, en el espacio de los warao o de los wayú. Las dos hablan sobre el futuro de sus etnias.
Crespo logró una admirable unidad de estilo que se expresa en el trabajo de la imagen de Gerard Uzcátegui, el ritmo de la narración de Fermín Branger, la precisión de la ambientación de Yvo Hernández, la expresividad sonora de Gustavo A. González y la cadencia de la música de Alonso Toro. También esa unidad se apoya en las muy convincentes actuaciones de Francia Torres, Yordana Medrazo, Tibisay Torres y Teresa Farrera, en las cuatro etapas de la vida de Dauna, y de Diego Armando Salazar como el padre Julio, y Alí Bolaños como el padre de Dauna. No hay que olvidar a Marco Antonio Figuera, Yonh Maikel Figuera y Eddie Gómez en las tres etapas de Tarcicio. Los intérpretes warao contaron con el asesoramiento del reconocido actor venezolano Dimas González.
Pero esa unidad debe sobre todo su armónica coherencia al trabajo guionístico, nada fácil, muy complejo, de Isabel Lorenz y el propio Crespo. La película está contada desde la mirada subjetiva de su personaje principal. Toda la trama se arma alrededor de ella. Los tiempos se alternan, las circunstancias cambian, el drama se desarrolla y serpentea, pero siempre Dauna está allí, con su razón y su lucha, también con su afectividad.
Una reflexión final. Varias de la últimas óperas primas nacionales —no todas, afortunadamente— han querido universalizarse y abstraerse de la realidad venezolana. En un país donde la cotidianidad nos abofetea. Ejecutan una suerte de ruptura con la tradición de cine social que se ha hecho en Venezuela desde los años sesenta. Siento que hay un mayor vínculo con la técnica narrativa que con lo que nos sucede como país. Un distanciamiento no brechtiano sino vergonzoso. En ese panorama se presenta, en cambio, Dauna, lo que lleva el río, como un film referido directamente a una etnia y un país, a una cultura y una realidad muy concreta, muy local pero también universal. Una película importante que se aparta del camino de las convenciones.
DAUNA, LO QUE LLEVA EL RÍO, Venezuela, 2014. Dirección: Mario Crespo. Guion: Isabel Lorenz y Mario Crespo. Producción: Adriana Herrera, Fermín Branger, Isabel Lorenz y Mario Crespo. Fotografía: Gérard Uzcátegui. Edición: Fermín Branger. Sonido: Gustavo A. González. Dirección de arte: Yvo Hernández. Elenco: Yordana Medrano, Diego Armando Salazar, Eddie Gómez, Teresa Farrera, Tibisay Torres. Distribución: Cinematográfica Blancica.

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